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EL OLOR RANCIO DE LA MEMORIA
PRELUDIO DE LA RENUNCIA
cómo coronar la tapia coronada de ausencia
ahora que ardo en el último resquicio de la soledad
y no puedo provocar catástrofes sutiles.
mi conjuro es tentar la negación
amarrar mis huesos.
perdí los ojos de tanto prolongar las tinieblas.
he sido una nube ebria
el sexo sin alternativa
la plenitud sin camafeos.
hoy se abre mi isla
ante la falsa democracia de la urna
y el nombre que cuelga de un harapo.
tengo la sensación de un carné de identidad
que me descubre persona
a imagen y semejanza del tiro al blanco
que pierde su apuesta.
A LO MEJOR NO DIRÉ NADA
éste es mi talismán
martillado al viento
devaneo de la carne
agrietada por los años.
escucho la música de tu silencio esporádico
moribundo.
qué queda de tus labios.
un suspiro mutilado en la desidia
mueca degollando la lujuria.
palabras que olvidaron su camino
asestaron tu mordida.
en el paraíso todo se confunde
y nada tenemos que perder
salvo la gloria.
mi identidad se bifurcó entre la nieve.
oscura soy de mi propia oscuridad
humo
fuego fatuo en la distancia de dos rosas.
EL TIEMPO: ESA BESTIA ATROZ
salvajemente
destruyo la visión del mundo
cuando apenas
he abierto los ojos.
nada existe ante mí
que sea diferente al espejo
o al cuchillo
con que rozo los sueños más apáticos
en la mañana
despedazada en su insomnio.
nada
sólo una isla de papel
más parecida a un lagarto
amortajado
claustrofóbico
para descubrirme a mí misma
desnuda
en la distancia
sangrante.
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